La vida ha seguido caminando, paso a paso, gateando o volando a velocidades impensables. Mi vida ha cambiado mucho, muchísimo, de hecho ahora escribo desde un ordenador propio en una ciudad a unos pocos kilómetros de mi Córdoba llana.
Llegué aquí con la misma incertidumbre y pesadumbre, a la vez, que los años pasados. Con mi nebulosa gris mate que me impedía ver más allá en la mochila.
Poco a poco fui haciendo mi senda, dejando atrás mosquitos, hojas y brisas de aire frío. Los meses han seguido su continuo y con ellos desprendiéndose mis miedos.
Camino. Sigo andado, pero esta vez recto, sin miramientos ni dudas. Paso firme y decidido.
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