domingo, 20 de febrero de 2022

La nueva normalidad.

 Realmente me enfrento a un papel en blanco sin saber por dónde empezar o qué realmente escribir. ¿Qué quiero averiguar? Desde hace unos meses me hallo nadando en un mar de tristeza que ha escogido mi cabeza como trinchera infinita. Me hallo en una huelga indefinida de felicidad natural y espontánea, necesito de estímulos constantes para rellenar esos huecos de vacío que me hacen conectar con mis pensamientos cíclicos y destructivos. 

Intento buscar culpables y siempre se me viene a la cabeza tu nombre, tu sonrisa acompañada de tu voz, tu pelo rizado recogido con un moño. Y ya, ya sé que no eres el culpable sino la dinamita que ha catapultado mi estructura de cristal construida sobre el lodo farragoso de un verano nublado. O más bien, una inseguridad enraizada, envolvente y venenosa. Un "no eres suficiente para nadie en ese plano" crónico.

Pero... es que es tan maravilloso sentirse en sintonía con alguien, sentir después de tanto tiempo que la conexión sentimental en el plano romántico también puede ser para mí. Que todas las experiencias pasadas solo han sido eso, experiencias, pero que esta vez si que por fin podía salir bien. 

Sentir que intereso.

Sentir que transmito ganas de conocerme, de indagarme y resolver mis incógnitas. 

Sentir que alguien quiere compartir conmigo algo tan valioso como su tiempo.

La intimidad. Mi intimidad. Nuestra intimidad.

Pero no. De nuevo un NO como una hostia con la mano abierta directa a mi emoción. Un nudo en el estómago constante acompañado de una fábrica de lágrimas en oferta. No puedo parar de pensar(te), añorar(te), cuestionar(me), preguntar(me)... CULPARME.