Da gusto mirar atrás y ver todo lo que me costó subir a la escalera y que ahora esté en ella. Recuerdo todos y cada uno de los disgustos pasados, compensados con todo el amor y apoyo recibido de mi familia, amigos y profesores innclusive.
Jaén, mi nueva ciudad, mi nueva aventura a la que me enfrento. Estoy nerviosa, a la par que asustada, no sé como se dará este primer curso, y pensando en mi futuro más próximo, este primer cuatrimestre. Lo que si sé es que voy a disfrutarlo al máximo, voy a saborear poquito a poco este dulce caramelo. ¡¡¡Qué euforia, por Dios!!!
Tengo ganas de empezar las prácticas, de que mis sueños sean tangibles y de verme con mi bata blanca, o uniforme verde según, rodeada de gente a la que dar cariño y tranquilidad. Somos, como bien dice mi querida profesora de psicosociales, un ejemplo a seguir, un clavo dónde se nos agarrarán los más desamparados, y eso, señores y señoritas, me encanta. Mi llamita de dar a los demás se aviva más aún.