- ¿Café?
- Café sólo, por favor. Sólo, sin azúcar, sin nata, ¿para qué una pizca de chocolate o una cucharadita de canela?
Disponemos de una herramienta tan dañina como involuntaria; nuestro subconsciente. Esta pieza que hace que, en ocasiones, nos veamos como el árbol más grande y robusto del bosque y que, sin embargo, en sus días plenos de vagueza, provoca el más autismo hacia nuestro egocentrismo.
Pero podemos cambiarla, dominarla o simplemente, enseñarla. Es tan sencillo como apartar esos pequeños pensamientos cancerígenos y cambiarlos por sólo, y exclusivamente, aquellos que nos alaguen, que nos hagan sentir que podemos, que somos una persona normal y corriente y que no somos menos que nadie.