sábado, 3 de septiembre de 2011

2902

Pulsas el botón "play", comienza a sonar la música y poco a poco te dejas llevar. Estás más ilusionada que nunca, estrenas zapatos y vestido. Empiezas a bailar, aprovechando al máximo cada minuto, cada segundo, cada milésima...
Minuto 3.59, tan solo queda un segundo para que la canción acabe, por eso intentas aprovecharlo para que ese insignificante segundo parezca eterno. Parece que lo consigues, pero lógicamente, en el mundo real todo acaba.
Vas camino a los vestuarios, te sientas derrumbada en la banqueta, estás muy cansada, triste porque ya acabó. Comienzas a quitarte los zapatos, a desabrocharte poco a poco los botones de tu vestido nuevo, con cuidado para no estropearlo. 
Una vez cambiada, te dispones a salir a la calle, a respirar el aire fresco de la tarde-noche, todo parece tan nublado...Va anocheciendo, no encuentras ninguna farola, todo está muy oscuro, no ves nada, hace frío, tienes mucho miedo.
Pasan los minutos, las horas, los meses, pero aquella ciudad sigue oscura, apagada… Se quedó congelada en aquella noche de aquel 29 de febrero. 

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