Tras tres largas horas de camino, llegamos al sitio. Me dispongo a bajar del coche, descalza, ¡cómo no!, torpe de mí... Me abrocho mis sandalias para volver a realizar el impulso de bajar los pies del coche al suelo. Me pongo en pie... mmm... ¡que olor tan agradable! es una mezcla entre alegría, ilusión, un poco de nostalgia, pero sobre todos un olor plagado de recuerdos. Creo que me encanta este olor, ¡quiero olerlo más a menudo!. Es un aroma a risas y carcajadas eternas, llantos causados por despedidas, a aquellas tardes de sol, a esas comidas jugosas, a aquellas canciones que cantábamos hasta quedar afónicos, a aquellas veladas ante el calor de la hoguera... ¡cuantísimos buenos recuerdos!. Definitivamente, creo que estoy prácticamente preparada para volver a abrir la gigantesca bolsa de los recuerdos con la intención de llenarla con muchos más, solo falta un pequeño empujoncito, tan pequeño como los dientes que lleva almacenados en su saco el ratón Pérez.

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